Cada vez resulta más necesario disponer de un posicionamiento adecuado de nuestra presencia personal y profesional en Internet. Internet se está configurando como un espacio donde se producen los primeros contactos personales y profesionales. Esa primera impresión que obtenemos de los demás está mediada por las nuevas tecnologías de la comunicación. Por ello, “la presentación de nuestra persona en la vida cotidiana” (Goffman, 1981) tiene unos patrones teatrales que debemos manejar si queremos influenciar de algún modo en que manera queremos que se nos vea. Siempre tratamos de adquirir información de los otros por muchas razones, profesionales, personales, etc. pero en general con un fin utilitario, y los otros, en la misma medida, están muy interesados en dirigir esa información.
Internet en particular y las TIC en general han venido a modificar sustancialmente las circunstancias del “escenario” donde se produce ese flujo informativo. En primer lugar, la obra en general y la escena en particular es susceptible de constante y repetida observación por un público indefinido en principio. Y, en esa interacción, ese público, esos otros, pueden permanecer como observadores sin la más mínima influencia sobre la escena y los actores, y sin, ni siquiera, denotar su presencia. En segundo lugar, todas las escenas y obras donde aparece el sujeto de interés pueden ser vistas de modo simultáneo aunque se desarrollen con años de diferencia. En tercer lugar, los medios portadores de una misma escena son variados y múltiples en la simultaneidad. En cuarto lugar, el aparente estatismo de la escena, susceptible de repetición infinita, parece favorecer la aplicación de estereotipos para su comprensión por parte del público. En quinto lugar, las estructuras mentales que todos manejamos para intentar explicar la realidad no siempre son de adecuada transposición y aplicación en un escenario digital como es Internet. En sexto lugar, el sujeto tiene cierta capacidad de reinterpretar y modificar la escena en función de sus deseos, normalmente influenciado por la retroalimentación previa recibida, pero, sin embargo, el sujeto se encontrará muy pocas situaciones en las que podrá dirigir su actuación de manera simultánea en la interacción y sí dejará muchas pistas indirectas y, probablemente, involuntarias sobre su verdadero ser.
Si lo anterior es cierto, lo cual así parece, debemos convertirnos en buenos conocedores de la escena, en este caso Internet, para influir de acuerdo a nuestros intereses perseguidos. Esto no es sólo de cabal importancia para individuos sino también para la presencia de empresas e instituciones en la red. Trataremos de minimizar la influencia de los “aspectos ingobernables de nuestra conducta expresiva” en el “juego de la información”. Necesitamos adoptar prácticas defensivas de nuestra proyección en Internet y para ello una de las primeras necesidades es conseguir un adecuado control de los espacios donde se desarrolla nuestra presencia profesional: redes, blogs, etc.
Podemos recorrer sistemáticamente nuestra presencia en los diferentes lugares pero al igual que no es razonable mantenernos informados de las cuestiones que nos interesan sin sistemas de sindicación y alertas tampoco lo es no poder controlar de modo centralizada nuestra presencia personal y profesional en Internet. Si esto no existe, deberíamos inventarlo. Lo más cercano que se me ocurre son las páginas personalizadas, ¿quizás con Netvibes podríamos crear algo así?
Estas reflexiones sobre la información que presentamos a los demás de nosotros mismos me han surgido a raíz de un breve análisis que he realizado sobre Qapacity es una plataforma-red que, entre otras cosas, nos permite mostrar nuestra presencia profesional en Internet. Es obvio que el verdadero valor, en principio, de estas herramientas, radica en la calidad e interacción de la red socioprofesional que genera, es decir, cuántos y quiénes se asomarán a tu espacio profesional. En este sentido, Linkedin y Xing parecen las dominantes.
Qapacity ofrece algunas cosas, integradas, muy interesantes para profesionales y pequeñas empresas. Mediante un “wizard”, una guía interactiva, podemos confeccionar una página web con diferentes plantillas estéticas y la posibilidad de ampliarla mediante páginas añadidas (blog, galería de imágenes o página en blanco) o algunos módulos predefinidos a esas páginas.

Podemos compartir esa página web creada para mostrar los servicios profesionales a través de Facebook, Twitter y de nuestros contactos de correo web y otros servicios. Es un espacio orientado a la recomendación social y profesional.

Otros aspectos de esta herramienta es la posibilidad de adherirse a grupos de interés, obtener información de páginas de visitas y visitantes y como especialmente curioso que te regalan crédito para promocionar tu actividad en Google Adwords y Facebook ads. También, te “aseguran” la optimización de tu página web en los buscadores.

Su concepto y orientación parecen correctamente fundados pero habrá que esperar a su evolución para valorar su verdadera utilidad para los usuarios de la red. Y para ver su evolución en cuanto a funcionalidades y mejora de aspectos inmaduros propios de cualquier herramienta que comienza.
Referencia:
Goffman, Erving. 1981. La presentación de la persona en la vida cotidiana. Amorrortu editores.
Buen día. Eduardo